El Espíritu Santo y la fe en la vida diaria

La venida de Jesucristo

Mis hijos, los que están alerta y esperan son bendecidos. Él mira al cielo desde la tierra, esperando la segunda venida de Jesucristo, lo cual es una práctica diaria común. Él es un peregrino en la tierra, con sus ojos puestos en el cielo, y sus tesoros están en el cielo.

El valor celestial del amor

Mis hijos, aquellos que actúan de esta manera son bendecidos, haciendo que todo lo que hagan en esta tierra tenga un valor celestial, que perdura para siempre, no es algo que pueda ser planeado por la mente humana, sino revelado por el Espíritu Santo en lo más profundo de vuestros corazones. Vuestra voluntad es ferviente, optando por lo celestial y renunciando a lo que proviene de vosotros mismos. Todo lo que hagáis en la tierra debe surgir del amor, porque solo lo que se hace con amor es verdaderamente celestial.

El ejemplo de Jesucristo

Deberéis dar testimonio, dejando que vuestro carácter muestre el glorioso ejemplo de Jesucristo. Veréis que toda la prosperidad terrenal finalmente pasará, el cielo y la tierra también pasarán, pero mis palabras perdurarán para siempre. Vuestros ojos no están puestos en la tierra, ni acumuláis nada para vosotros mismos, vuestra fe es en lo verdadero.

La certeza del Espíritu Santo

Vuestra certeza reside en que el Espíritu Santo vive dentro de vosotros, y vosotros lo conocéis. Al conocer al Espíritu Santo que reside en vosotros, sabéis que Jesucristo ha resucitado en lo alto. Todo lo registrado en las Escrituras, ya sea pasado o futuro, se cumplirá. Vuestra certeza es algo que las personas terrenales no comprenden, no se puede mostrar, pero es la fuerza más verdadera en lo profundo de vuestros corazones.

La garantía celestial

Lo que habéis recibido, la garantía celestial, está oculta, pero es muy poderosa, porque está establecida por Jesucristo. Vuestro testimonio es verdadero, es la manifestación de vuestro carácter en la tierra.

Fe en tiempos de adversidad

Tanto en días de paz como en tiempos de tribulación terrenal y miedo humano, no lo consideráis sufrimiento. Sabéis profundamente que yo controlo todas las cosas, y mi voluntad es sacudir aquello en lo que las personas terrenales confían, para que dependan de mí. Mi deseo es que cada persona en la tierra sea como vosotros, abandonando el mundo para acercarse a mí. No deseo que perezcan junto con el mundo. Mis hijos, aunque no acumuléis nada para vosotros en la tierra, no os falta nada. No importa en qué situación de escasez os encontréis, siempre recibiréis lo necesario. Aquello en lo que confiáis, aunque invisible, es real y más fiable que la riqueza y el poder en los que los hombres confían en la tierra.

Construcción de la fe

Mis hijos, en la tierra, cada día os negáis a vosotros mismos y seguís al Espíritu Santo, viviendo cada día. Vuestra fe está firmemente construida en vuestros corazones. No construís para realizar grandes milagros y maravillas. Los milagros y maravillas no son lo que realmente edifica a las personas, lo que realmente edifica es negarse a uno mismo y seguir diariamente los pasos de Jesucristo. Vuestra fe se fortalece por conocerme. Vuestro corazón conoce bien mi buena voluntad y no juzga las cosas celestiales según los valores terrenales. Al caminar con el Espíritu Santo, conocéis todos los valores celestiales.

Luz en la oscuridad

Lo que los hombres terrenales consideran sufrimiento, vosotros no lo veis como tal. Los hombres terrenales temen en los días de adversidad, pero vosotros no os exaltáis. En cambio, camináis activamente con el Espíritu Santo, negándoos a vosotros mismos y amando a todos. En los momentos más oscuros de la tierra y el cielo, vosotros brilláis como la verdadera luz del mundo, como lo fue Jesucristo en su tiempo. No solo no os falta nada, sino que abundáis, lo que os permite compartir con todos los que os rodean. A través de vuestro amor, se manifiesta la gloria del reino celestial. Permitid que, al veros, la gente en la tierra venga a conocerme, encontrando en mí la vida eterna y la verdadera paz.


¿Cómo podemos cultivar en nosotros la actitud de ser peregrinos en la tierra y mantener nuestros ojos en el cielo?

Cultivar la actitud de ser peregrinos en la tierra y mantener nuestros ojos en el cielo implica un enfoque consciente en nuestra vida espiritual y en nuestra relación con Dios. Aquí hay algunas maneras de hacerlo, basadas en principios bíblicos:

  1. Reconocimiento de nuestra identidad: En Hebreos 11:13-16, se nos recuerda que los creyentes son extranjeros y peregrinos en la tierra. Reconocer que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo (Filipenses 3:20) nos ayuda a vivir con una perspectiva eterna.

  2. Enfoque en la Palabra de Dios: La lectura y meditación de las Escrituras nos permite entender mejor la voluntad de Dios y nos recuerda las promesas que nos esperan en el cielo. Salmos 119:105 dice que la Palabra de Dios es una lámpara a nuestros pies y una luz en nuestro camino.

  3. Oración constante: Mantener una vida de oración nos conecta con Dios y nos ayuda a centrar nuestros pensamientos en Él. En 1 Tesalonicenses 5:17, se nos instruye a orar sin cesar, lo que nos mantiene en comunión con el Señor y enfocados en Su propósito.

  4. Vivir en comunidad: La comunión con otros creyentes es fundamental. Hebreos 10:24-25 nos anima a no dejar de congregarnos, ya que el apoyo mutuo nos ayuda a mantenernos firmes en nuestra fe y a recordar nuestra misión como peregrinos.

  5. Servir a los demás: Al involucrarnos en el servicio a otros, reflejamos el amor de Cristo y nos recordamos a nosotros mismos que nuestra vida aquí tiene un propósito más grande. Gálatas 5:13 nos llama a servirnos unos a otros por amor.

  6. Mantener la esperanza en las promesas de Dios: Recordar las promesas de Dios sobre la vida eterna y la gloria que nos espera (Romanos 8:18) nos ayuda a enfrentar las dificultades de esta vida con una perspectiva de esperanza.

  7. Desprenderse de lo temporal: En 1 Juan 2:15-17, se nos advierte sobre no amar al mundo ni las cosas que están en él. Cultivar un desapego de las cosas materiales y temporales nos ayuda a enfocarnos en lo eterno.

Al practicar estos principios, podemos cultivar una actitud de peregrinos, manteniendo nuestros ojos en el cielo y viviendo de acuerdo con la voluntad de Dios en esta tierra.

¿De qué manera podemos asegurarnos de que nuestras acciones en la tierra reflejen un valor celestial y surjan del amor?

Para asegurarnos de que nuestras acciones en la tierra reflejen un valor celestial y surjan del amor, es fundamental entender que nuestras obras deben estar fundamentadas en nuestra relación con Cristo. La enseñanza de Pablo nos recuerda que debemos «sentarnos» en Cristo, lo que implica encontrar nuestro descanso y fortaleza en Él. Esto significa que nuestras acciones no deben basarse en nuestros propios esfuerzos, sino en el poder de Dios que opera en nosotros.

En Efesios 2:10 se nos dice que somos «su obra, creados en Cristo Jesús para buenas obras». Esto indica que las buenas obras son el resultado de la obra de Dios en nuestras vidas. Además, en Filipenses 2:12-13 se nos exhorta a «trabajar en nuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en nosotros produce así el querer como el hacer por su buena voluntad». Esto subraya la importancia de permitir que Dios actúe en nosotros para que nuestras acciones reflejen Su amor.

Asimismo, es crucial que nuestras motivaciones sean puras. En 1 Juan 5:4 se nos recuerda que nuestra fe es la victoria que ha vencido al mundo. Por lo tanto, al actuar desde una fe genuina en el amor de Dios, nuestras acciones estarán alineadas con los valores celestiales.

Finalmente, debemos estar atentos a las influencias externas que pueden desviar nuestro enfoque. La Escritura nos advierte sobre el sistema del mundo que está bajo la influencia de fuerzas malignas (1 Juan 5:19). Al mantenernos firmes en nuestra fe y en la verdad de la Palabra de Dios, podemos asegurarnos de que nuestras acciones sean un reflejo del amor divino y de los valores del Reino de los Cielos.

¿Cómo podemos fortalecer nuestra certeza en el Espíritu Santo y vivir cada día guiados por él?

Para fortalecer nuestra certeza en el Espíritu Santo y vivir guiados por él, es fundamental cultivar una relación íntima y constante con Dios. Aquí hay algunas prácticas que pueden ayudarnos en este proceso:

  1. Oración y Comunión: La oración es esencial para comunicarnos con Dios y permitir que el Espíritu Santo hable a nuestro corazón. Dedicar tiempo a la oración diaria nos ayuda a estar más receptivos a su guía.

  2. Estudio de la Palabra: La lectura y meditación en las Escrituras nos permite conocer mejor la voluntad de Dios. Al entender su palabra, podemos discernir más claramente la dirección que el Espíritu Santo nos ofrece.

  3. Confianza en el Proceso: Es importante reconocer que la guía del Espíritu Santo puede no ser siempre evidente. A veces, puede haber prohibiciones o interrupciones en nuestros planes, como se menciona en Hechos 16:6-7, donde Pablo experimentó la dirección del Espíritu a través de restricciones.

  4. Vivir en Santidad: Mantener una vida limpia y apartada del pecado es crucial. La falta de santidad puede obstaculizar nuestra capacidad para escuchar y seguir la guía del Espíritu. Como se menciona, «沒有聖潔,沒有人能看見主» (Sin santidad, nadie verá al Señor).

  5. Ejercicio de la Fe: La fe es un componente clave. Romanos 14:23 nos recuerda que «凡不出於信心的都是罪» (Todo lo que no proviene de la fe es pecado). Al actuar con fe, confiando en que el Espíritu nos guía, fortalecemos nuestra certeza en su dirección.

  6. Práctica de la Discernimiento: A medida que crecemos en nuestra vida espiritual, debemos desarrollar la capacidad de discernir la voz del Espíritu Santo. Esto implica estar atentos a nuestras convicciones internas y a cómo el Espíritu nos dirige en nuestras decisiones diarias.

  7. Comunidad de Creyentes: Rodearnos de otros creyentes que también buscan seguir al Espíritu Santo puede ser de gran ayuda. La comunidad puede ofrecer apoyo, consejo y confirmación en nuestras experiencias espirituales.

Al integrar estas prácticas en nuestra vida diaria, podemos fortalecer nuestra certeza en el Espíritu Santo y vivir de manera más consciente y guiada por él.


La Segunda Venida de Jesucristo

La Segunda Venida de Jesucristo es un tema central en la enseñanza cristiana, que se refiere al regreso de Cristo a la tierra después de su ascensión al cielo. Según las Escrituras, este evento es esperado por los creyentes y está asociado con la culminación de la historia y el establecimiento del reino de Dios.

La Biblia enseña que Cristo vendrá de nuevo para completar su obra de redención y para juzgar a los vivos y a los muertos. En el Nuevo Testamento, hay varias referencias a esta promesa. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan, Jesús dice: «Voy a preparar lugar para ustedes; y si me voy y les preparo lugar, vendré otra vez y los recibiré a mí mismo» (Juan 14:2-3). Esto indica que su regreso es una parte fundamental de la esperanza cristiana.

En Hechos 1:10-11, cuando Jesús asciende al cielo, dos ángeles dicen a los discípulos: «Este mismo Jesús, que ha sido tomado de entre ustedes al cielo, vendrá de la misma manera que le han visto ir al cielo». Esto refuerza la idea de que su regreso será visible y tangible.

Además, en 1 Tesalonicenses 4:16-17 se describe cómo los creyentes serán arrebatados para encontrarse con el Señor en el aire, lo que indica que habrá un encuentro personal y glorioso con Cristo en su regreso.

La Segunda Venida también está relacionada con el juicio final y la restauración de todas las cosas. En Hebreos 9:28 se menciona que Cristo aparecerá por segunda vez, «no para cargar con el pecado, sino para salvar a los que le esperan». Esto sugiere que su regreso traerá salvación y redención completa para aquellos que han creído en Él.

En resumen, la Segunda Venida de Jesucristo es un evento esperado por los cristianos, que simboliza la culminación de la obra de redención y el establecimiento del reino de Dios en la tierra. Es un tema de esperanza y anticipación, que invita a los creyentes a vivir en preparación y expectativa de su regreso.

La influencia del Espíritu Santo

La influencia del Espíritu Santo es fundamental en la vida del creyente, ya que se manifiesta de diversas maneras. En primer lugar, el Espíritu Santo actúa como un guía y consejero, iluminando la mente y el corazón del creyente para que pueda entender y seguir la voluntad de Dios. Esto se refleja en la colaboración entre el espíritu y la mente, donde el espíritu revela la verdad divina y la mente la comprende y aplica.

Además, el Espíritu Santo habita en los creyentes, lo que se menciona en Romanos 8, donde se destaca que si el Espíritu de Dios habita en nosotros, tenemos la certeza de su presencia y poder en nuestras vidas. Esta morada del Espíritu Santo no solo proporciona consuelo y fortaleza, sino que también capacita a los creyentes para vivir de acuerdo con los principios de Dios.

Es importante señalar que la búsqueda de la influencia del Espíritu Santo no debe basarse únicamente en experiencias emocionales o sensaciones físicas, sino en una relación genuina y en la obediencia a su guía. La verdadera experiencia del Espíritu Santo se manifiesta en la vida diaria del creyente, a través de la obediencia y la sensibilidad a su dirección.

En resumen, la influencia del Espíritu Santo se manifiesta en la revelación de la voluntad de Dios, en la morada en el creyente y en la capacidad de vivir una vida que glorifica a Dios, todo ello en un marco de colaboración entre el espíritu y la mente.

El valor celestial de nuestras acciones en la tierra

El valor celestial de nuestras acciones en la tierra se puede entender a través de la transformación de nuestra perspectiva y valores a la luz de la fe en Cristo. Según las enseñanzas bíblicas, nuestras decisiones y acciones deben reflejar una búsqueda de lo eterno y lo divino, en lugar de lo temporal y material.

Por ejemplo, en Mateo 6:33 se nos instruye a «buscar primero el reino de Dios y su justicia», lo que implica que nuestras prioridades deben alinearse con los valores del reino celestial. Esto significa que, al actuar en la tierra, debemos tener en cuenta cómo nuestras acciones impactan no solo nuestra vida presente, sino también nuestra vida eterna.

Además, en Hebreos 11:24-26, se menciona cómo Moisés eligió sufrir con el pueblo de Dios en lugar de disfrutar de los placeres temporales de Egipto, reconociendo que el sufrimiento por causa de Cristo tiene un valor eterno. Este cambio de perspectiva es fundamental para entender el valor celestial de nuestras acciones.

Asimismo, en Filipenses 3:7-8, el apóstol Pablo expresa que considera todo lo que antes le parecía valioso como pérdida en comparación con el conocimiento de Cristo. Esto resalta la idea de que nuestras acciones deben ser motivadas por nuestra relación con Dios y el deseo de glorificarlo, en lugar de buscar recompensas terrenales.

En resumen, el valor celestial de nuestras acciones en la tierra se manifiesta cuando nuestras decisiones reflejan una búsqueda de Dios y su reino, priorizando lo eterno sobre lo temporal, y reconociendo que nuestras elecciones tienen un impacto en nuestra vida espiritual y en nuestra relación con Dios.

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