Crecimiento Espiritual Cristiano y Dependencia del Espíritu Santo

Dejar Atrás los Hábitos del Pasado

Mis hijos, bajo la ayuda del Espíritu Santo, dejaréis atrás todos los hábitos del pasado. De ahora en adelante, caminando con el apoyo del Espíritu Santo, la vida celestial dentro de vosotros se manifestará verdaderamente. Las palabras que vosotros pronunciáis son del cielo, consuelan y edifican a todos. Vuestras manos sirven a las personas, todo lo que hacéis no busca vuestro propio interés, sino que os sacrificáis por amor a los demás, siguiendo el camino celestial.

Amor y Juicio

En el momento del juicio, solo aquellos que actúan con amor perdurarán. Actuáis en todo con amor, lo que os hará abundantes en el momento del juicio, y comprenderéis verdaderamente que solo con una firme dependencia de mí y siguiendo al Espíritu Santo, se revela el verdadero amor. Porque el hombre no es la fuente del amor, aquellos que actúan por su propia voluntad experimentarán carencia, pero vosotros, regados por el Espíritu Santo, estaréis plenamente llenos de mi amor.

Viviendo Bajo el Amor Celestial

El amor celestial se derrama en vuestros corazones, haciéndoos saber verdaderamente que sois preciados, ya no necesitáis buscar la aprobación de los demás, porque por medio de Jesucristo, ya sois amados por mí. Entonces, proceded a hacer lo que me agrada. Cuido de todas las personas en la tierra. Deseo que todos sean como vosotros, que vienen ante mí por la fe en Jesucristo, arrepintiéndose de sus acciones pasadas y viviendo una vida celestial como vosotros.

El Sacrificio por Amor a los Demás

Amar a los demás es precisamente hacer lo que me complace, y también es un camino de renuncia propia, porque estas acciones no son algo que el cuerpo humano desee hacer. Pero vosotros, si estáis dispuestos y elegís por voluntad, no lo hacéis con vuestra propia fuerza, sino con la ayuda que viene del cielo, fortaleciendo vuestros corazones, llenándolos de vida, abundancia y desbordamiento, tanto por dentro como por fuera. Mis hijos, vosotros os convertiréis en conductos de gracia, pues al renunciar a vosotros mismos y vivir la vida celestial, todas las personas a vuestro alrededor recibirán beneficios gracias a vuestro sacrificio, y serán nutridas por vosotros mismos. Al renunciar a vosotros mismos, proporcionáis la ayuda más genuina, superando cualquier cosa que las personas puedan hacer con su propia astucia.

No Temas a la Pérdida Terrenal

Mis hijos, todo el esplendor terrenal pronto pasará, y los corazones de las personas estarán perturbados y llorarán. En estos tiempos de agitación en la tierra, no os dejéis perturbar, pues sabéis bien que esta es mi voluntad, para sacudir a todas las personas de la tierra y hacer que se vuelvan hacia mí. No temáis perder nada, pues ya habéis ofrecido todo lo terrenal y seguís el camino de Jesucristo. No acumuláis nada para vosotros mismos, pero todo lo que desciende del cielo se os añade, haciendo que estéis plenamente satisfechos, no solo vosotros mismos, sino también nutriendo a todos los que están a vuestro alrededor.

Confiar Plenamente en Jesucristo

Todo lo que hacéis, debe ser hecho con amor. Veláis por vuestro propio corazón, y yo también custodio vuestras mentes y pensamientos en todas las circunstancias. Todo tipo de situaciones, persecuciones y sufrimientos mantienen vuestro corazón firme en mí, sin caer en la vanagloria. Y mi propósito para vosotros es otorgar paz y bondad. Confiando plenamente en Jesucristo, superaréis todas las dificultades. Cualquier prueba que enfrentéis, se os dará la fuerza para superarla. Así, os desarrollaréis plenamente en la vida celestial, dependiendo firmemente de mí.


¿Cómo podemos reconocer y experimentar el verdadero amor celestial en nuestras vidas cotidianas?

Para reconocer y experimentar el verdadero amor celestial en nuestras vidas cotidianas, es fundamental entender que este amor se manifiesta a través de nuestras relaciones con los demás, especialmente con nuestros hermanos en la fe. Según las enseñanzas de las Escrituras, el amor entre los creyentes es una evidencia de que hemos pasado de la muerte a la vida (1 Juan 3:14). Este amor no es solo un sentimiento, sino un mandato divino que debemos seguir.

Primero, debemos cultivar una relación personal con Dios, ya que el amor verdadero proviene de Él. Al amar a Dios de todo corazón, nuestra vida se organiza en torno a Su amor, lo que nos permite ver y experimentar Su mano en nuestras circunstancias. Si nuestro corazón está alineado con el amor de Dios, incluso las situaciones difíciles pueden convertirse en oportunidades para crecer y recibir Su beneficio.

Además, es importante recordar que el amor celestial se expresa en acciones concretas. En 1 Juan 3:11 y 3:23, se nos recuerda que debemos amarnos unos a otros y que este amor es parte de la fe en Jesucristo. Practicar el amor hacia los demás, ser compasivos y estar dispuestos a ayudar, son maneras en las que podemos experimentar y reconocer este amor en nuestra vida diaria.

Finalmente, debemos estar atentos a las influencias que nos rodean. Las relaciones, especialmente con amigos y personas del sexo opuesto, pueden ser un área de prueba. Es esencial mantener nuestro enfoque en Dios y Su amor, evitando distracciones que puedan alejarnos de Su propósito.

En resumen, reconocer y experimentar el verdadero amor celestial implica amar a Dios, amar a nuestros hermanos, y actuar en amor en nuestras interacciones diarias, todo mientras permanecemos atentos a las influencias externas que pueden afectar nuestra relación con Él.

¿Cómo puede nuestra dependencia del Espíritu Santo transformar nuestra forma de interactuar con los demás y con nosotros mismos?

Nuestra dependencia del Espíritu Santo puede transformar profundamente nuestra forma de interactuar con los demás y con nosotros mismos de varias maneras significativas.

Primero, al ser llenos del Espíritu Santo, experimentamos una liberación de nuestras inseguridades y temores. Como se menciona en los documentos, aquellos que han recibido el derramamiento del Espíritu pueden pasar de ser personas que temen hablar de su fe a ser audaces y desinhibidos. Esta transformación se traduce en una mayor confianza al compartir el evangelio y en la capacidad de interactuar con los demás sin el peso de la auto-consciencia. La libertad que el Espíritu Santo proporciona nos permite ser más auténticos y abiertos en nuestras relaciones.

En segundo lugar, la dependencia del Espíritu Santo nos ayuda a ser más conscientes de nuestra propia naturaleza y a buscar la limpieza interior. La auto-consciencia excesiva puede llevarnos a enfocarnos en nosotros mismos, lo que puede obstaculizar nuestras interacciones. Sin embargo, al permitir que el Espíritu Santo trabaje en nosotros, podemos despojarnos de nuestras preocupaciones egoístas y ser más receptivos a las necesidades de los demás. Esto fomenta un ambiente de amor y servicio, donde podemos ser instrumentos de Dios en la vida de otros.

Además, el Espíritu Santo actúa como un agente de cambio en el ambiente que nos rodea. Una persona llena del Espíritu puede influir en su entorno, transformando la atmósfera de un lugar. Esto significa que nuestras interacciones no solo se ven afectadas por nuestro carácter, sino también por la presencia del Espíritu en nosotros, lo que puede llevar a un impacto positivo en las relaciones y en la comunidad.

Finalmente, la dependencia del Espíritu Santo nos permite reconocer y manifestar los frutos del Espíritu, como el amor, la paz, la paciencia y la bondad. Estos atributos no solo mejoran nuestras relaciones interpersonales, sino que también nos ayudan a tener una mejor relación con nosotros mismos, promoviendo una autoaceptación y un sentido de propósito que proviene de nuestra identidad en Cristo.

En resumen, al depender del Espíritu Santo, somos transformados en nuestra forma de interactuar con los demás y con nosotros mismos, lo que nos lleva a ser más audaces, auténticos, amorosos y efectivos en nuestras relaciones.

¿Cómo cambia nuestra perspectiva de los juicios y dificultades cuando confiamos plenamente en Jesucristo?

Cuando confiamos plenamente en Jesucristo, nuestra perspectiva sobre los juicios y dificultades cambia de manera significativa. En primer lugar, comenzamos a ver las pruebas como oportunidades para el crecimiento espiritual. La fe en Cristo nos permite entender que, aunque enfrentemos adversidades, estas pueden ser utilizadas por Dios para moldearnos y fortalecer nuestra fe.

Por ejemplo, en Romanos 5:3-5 se nos enseña que «nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, experiencia; y la experiencia, esperanza». Esta cadena de crecimiento nos ayuda a ver las dificultades no como obstáculos insuperables, sino como parte del proceso de nuestra transformación en la imagen de Cristo.

Además, al confiar en Jesucristo, encontramos consuelo en la promesa de Su presencia en medio de las dificultades. En Filipenses 4:6-7 se nos anima a no estar ansiosos por nada, sino a presentar nuestras peticiones a Dios, y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y pensamientos. Esta paz nos permite enfrentar los juicios y las pruebas con una calma que no proviene de nuestras circunstancias, sino de nuestra relación con Él.

Finalmente, la confianza en Cristo nos da la esperanza de que, al final, todas las cosas obrarán para nuestro bien (Romanos 8:28). Esto significa que incluso las situaciones más difíciles pueden tener un propósito divino y contribuir a nuestro bienestar espiritual y eterno. Así, nuestra perspectiva se transforma, y comenzamos a ver las dificultades como parte del plan de Dios para nuestra vida, lo que nos llena de esperanza y fortaleza.


El amor celestial

El amor celestial se manifiesta de diversas maneras en las Escrituras. Es un amor que trasciende las limitaciones humanas y se expresa a través de la gracia y la misericordia de Dios hacia la humanidad. Este amor es incondicional y eterno, como se menciona en Juan 3:16, donde se dice que Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.

El amor de Dios también transforma a las personas, llevándolas de la oscuridad a la luz, de la condenación a la salvación. En Efesios 2:4-5, se nos recuerda que, a pesar de estar muertos en nuestros delitos, Dios, por su gran amor, nos dio vida juntamente con Cristo. Este amor no solo nos perdona, sino que también nos capacita para vivir de acuerdo a su voluntad.

Además, el amor celestial se refleja en la comunidad de creyentes, donde se nos llama a amarnos unos a otros como Cristo nos amó (Juan 13:34). Este amor es un testimonio del carácter de Dios y de su obra en nuestras vidas.

En resumen, el amor celestial es un amor que transforma, perdona y une a las personas en una relación con Dios y entre sí, siendo un pilar fundamental de la fe cristiana.

La dependencia del Espíritu Santo

La dependencia del Espíritu Santo es fundamental en la vida del creyente. Según las enseñanzas bíblicas, el Espíritu Santo habita en el interior de los creyentes, y su presencia es esencial para vivir una vida cristiana efectiva y fructífera.

Primero, es importante entender que el Espíritu Santo no solo está presente, sino que debe tener autoridad total en la vida del creyente. Esto implica que el alma del creyente debe someterse completamente a la guía y dirección del Espíritu. No se trata simplemente de orar y pedir que el Espíritu Santo actúe, sino de una entrega genuina y continua, donde el creyente busca vivir en obediencia a la voluntad de Dios.

Además, la separación entre el alma y el espíritu es un concepto clave. La Palabra de Dios es la que permite discernir y separar estas dos partes del ser humano. El creyente debe estar dispuesto a permitir que la vida y el trabajo de Cristo se manifiesten en su interior, lo que a su vez permite que el Espíritu Santo actúe con poder.

La llenura del Espíritu Santo es un proceso que ocurre en el interior del creyente, fortaleciendo su espíritu y capacitándolo para vivir de manera victoriosa. Esto no se traduce en sensaciones físicas o experiencias externas, sino en un fortalecimiento interno que permite al creyente tener una percepción más clara de su vida espiritual.

Finalmente, cuando el creyente está lleno del Espíritu Santo, su espíritu se convierte en el gobernante de su alma y cuerpo, lo que significa que sus pensamientos, deseos y acciones están alineados con la voluntad de Dios. Esta dependencia del Espíritu Santo es esencial para que el creyente pueda vivir en plenitud y cumplir con el propósito divino en su vida.

La confianza en Jesucristo

La confianza en Jesucristo es fundamental en la vida del creyente. Según las enseñanzas bíblicas, la fe en Cristo no solo implica creer en su existencia, sino también en su obra redentora y en la unión que tenemos con Él. En el contexto de estar «en Cristo», se nos enseña que, al aceptar a Jesús como nuestro Salvador, somos colocados en una posición de gracia y bendición.

La Escritura nos dice que «en Cristo» encontramos la redención, el perdón de pecados y la justificación. Esto significa que, al confiar en Él, no solo somos perdonados, sino que también somos considerados justos ante los ojos de Dios. La confianza en Jesucristo nos permite experimentar todas las bendiciones espirituales que Él ha prometido.

Además, es importante entender que la fe es un acto de entrega y aceptación. No se trata solo de un conocimiento intelectual, sino de una relación personal con Cristo. Al creer en Él, nos unimos a su vida y su obra, lo que nos transforma y nos capacita para vivir de acuerdo a su voluntad.

La confianza en Jesucristo también implica descansar en la verdad de que ya estamos en Él. Como se menciona en las enseñanzas de algunos autores, no debemos esforzarnos por «entrar» en Cristo, sino reconocer que, por la gracia de Dios, ya estamos en Él. Esto nos libera de la lucha constante y nos invita a vivir en la realidad de nuestra nueva identidad.

En resumen, la confianza en Jesucristo es un acto de fe que nos coloca en una relación íntima con Él, donde encontramos perdón, justificación y todas las bendiciones espirituales. Es un llamado a descansar en lo que Él ha hecho por nosotros y a vivir en la plenitud de esa verdad.

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