Cómo vivir una vida celestial

La importancia de renunciar al ego

Mis hijos, la construcción del Espíritu Santo en lo más profundo de vuestros corazones es real y sólida dentro de vosotros. Lo que habéis recibido es una vida descendida del cielo, que reside en vosotros, renovándoos completamente, transformándoos en un modelo celestial. La vida celestial revela activamente su esencia, mientras que vosotros debéis renunciar a vuestro propio ser. Porque los pensamientos carnales del hombre no están en concordancia con los del cielo, y solo vuestro antiguo yo, que murió en la cruz, puede superar esto.

Manifestación de la vida celestial

Día tras día negáis a vosotros mismos, eligiendo al Espíritu Santo. Esta elección voluntaria y activa ayudará a que la vida celestial en vuestros cuerpos se manifieste verdaderamente. Mis hijos, no necesitáis preocuparos por cómo mostrar la vida celestial, esto se debe a que la habéis obtenido a través de vuestra fe en Jesucristo. Podéis vivirla gracias a la redención del pecado alcanzada mediante la cruz de Jesucristo. Y por la resurrección de Jesucristo, habéis recibido esta nueva vida. Solo necesitáis renunciar a vosotros mismos, y la nueva vida en vuestros cuerpos se hará evidente. No se trata de seguir meros pensamientos humanos o de cómo actuar, sino que, mediante la fe en Jesucristo y sus logros por vosotros, toda esta verdad se revelará en vosotros. Siguiendo tal vida celestial, llevaréis a cabo todas las obras celestiales. Por ser también celestial, él trabajará junto con el Espíritu Santo para realizar muchas cosas hermosas. Lo que se manifiesta en la tierra es la vida venida del cielo. Vuestro carácter es humilde y suave, un modelo de renuncia y amor por los demás.

La paciencia y el amor en la adversidad

En tiempos de adversidad, mantenéis un corazón paciente y no perdéis la fe. En momentos de espera, mantenéis firmeza, discernís la voluntad del Espíritu Santo y actuáis sin dilación. Mis hijos, el reino de los cielos se manifestará entre la gente a través de vuestro amor. Por vuestra renuncia, viviréis esta vida celestial. Esta vida celestial es precisamente una manifestación de amor, y todas vuestras acciones están guiadas por el amor. No buscáis vuestro propio beneficio, sino que veláis por el bienestar de todos. Vuestras palabras son comedidas, no emitís juicios sobre los demás. Lo que decís tiene el propósito de consolar y edificar a las personas, no os jactáis de vosotros mismos, sin importar lo mucho que os hayáis desarrollado. Sabéis que todo es para servir a los demás. Si realmente sois santos, debéis involucraros más activamente entre la gente, sirviendo a todos, sin consideraros superiores a los demás. Porque lo que vive en vosotros es la vida del cuerpo de Jesucristo, y es apropiado servirse y amarse unos a otros.

La vida terrenal y la herencia celestial

Mis hijos, todo lo terrenal pasará, pero lo celestial permanecerá para siempre. Esto no se realiza según el pensamiento o la voluntad humana, sino por revelación del Espíritu Santo en vosotros, y vosotros lo habéis elegido. Actuad en todo momento con amor, para que tengáis abundancia en el momento del juicio. Vuestra herencia en el cielo es hermosa y verdadera, establecida por Jesucristo. Cada día en esta tierra, seguid fielmente los pasos de Jesucristo, conociéndolo verdaderamente, entendiendo cuánto vale lo celestial.

El momento del juicio

En la hora del juicio, vuestro corazón se alegrará, porque veréis al que juzga a todas las naciones, a quien habéis seguido siempre. Estaréis erguidos, y vuestras palabras alabarán el nombre de Jesucristo, por toda la eternidad.


¿Cómo podemos renunciar a nuestro propio ser para permitir que la vida celestial se manifieste en nosotros?

Para renunciar a nuestro propio ser y permitir que la vida celestial se manifieste en nosotros, es fundamental entender el principio de la muerte y la resurrección en la vida cristiana. La renuncia a nuestro ser implica un proceso de identificación con la muerte de Cristo, lo que significa que debemos estar dispuestos a dejar atrás nuestras propias ambiciones, deseos y la dependencia de nuestra carne.

Primero, debemos reconocer que la vida espiritual no puede fluir de nosotros mismos, sino que debe ser el resultado de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. Esto requiere una entrega total a Dios, donde nos sometemos a Su voluntad y permitimos que Él dirija nuestras acciones y pensamientos. Al hacerlo, nos liberamos de la influencia de nuestra carne y comenzamos a vivir en el poder de la resurrección.

Es importante también mantener una actitud de humildad y dependencia. No debemos confiar en nuestras propias fuerzas o habilidades, sino en la gracia de Dios. Al aceptar nuestra debilidad y buscar la fortaleza en Cristo, encontramos la verdadera vida que proviene de Él. Esto se traduce en una vida de oración constante, donde buscamos la guía del Espíritu y nos mantenemos en comunión con Dios.

Finalmente, debemos estar dispuestos a enfrentar el sufrimiento y la disciplina que pueden venir al renunciar a nuestro ser. La Escritura nos enseña que si sufrimos con Cristo, también seremos glorificados con Él. Este proceso de muerte a nosotros mismos es esencial para experimentar la vida abundante que Cristo promete.

En resumen, renunciar a nuestro propio ser implica una entrega total a Dios, una dependencia del Espíritu Santo y una disposición a aceptar la muerte y resurrección en nuestra vida diaria. Al hacerlo, la vida celestial puede manifestarse en nosotros de manera poderosa.

¿De qué formas podemos practicar el amor y la renuncia en nuestras vidas diarias para vivir una vida celestial?

Practicar el amor y la renuncia en nuestras vidas diarias para vivir una vida celestial implica varios aspectos que se pueden extraer de las enseñanzas bíblicas y de los documentos mencionados. Aquí hay algunas formas en que podemos hacerlo:

  1. Amor a los demás: Debemos permitir que el amor de Dios fluya a través de nosotros hacia los demás. Esto incluye amar incluso a nuestros enemigos, como se nos enseña en el Evangelio. La disposición a amar a quienes nos rodean, independientemente de las circunstancias, es un reflejo del amor divino.

  2. Renuncia a lo propio: La renuncia no es un acto fácil, pero es esencial. Esto implica dejar de lado nuestros deseos y necesidades personales en favor de lo que Dios quiere para nosotros. A menudo, esto significa sacrificar cosas que valoramos, incluso relaciones cercanas, si es necesario para seguir el llamado de Dios.

  3. Vivir en obediencia: La obediencia a la voluntad de Dios es fundamental. Esto puede significar actuar en contra de nuestras inclinaciones naturales y seguir las enseñanzas de Cristo, lo que a menudo puede ser doloroso y desafiante. Sin embargo, este sacrificio es parte del camino hacia una vida más plena en Dios.

  4. Buscar la soledad con Dios: Es importante encontrar tiempo para estar a solas con Dios, como se menciona en los documentos. La quietud y la meditación en Su presencia nos ayudan a fortalecer nuestra relación con Él y a entender mejor Su voluntad para nuestras vidas.

  5. Servir a los demás: La verdadera expresión del amor se manifiesta en el servicio. Esto puede ser a través de actos de bondad, ayuda a los necesitados o simplemente estando presente para aquellos que nos rodean. El servicio desinteresado es una forma poderosa de vivir el amor de Dios.

  6. Cultivar una vida de oración: La oración es esencial para mantener una conexión constante con Dios. A través de la oración, podemos pedir la guía del Espíritu Santo para que nos ayude a amar y renunciar a lo que nos aleja de una vida celestial.

  7. Reflejar la vida de Cristo: Al mirar a Jesús como nuestro modelo, podemos aprender a despreciar la vergüenza y a soportar las pruebas, como se menciona en Hebreos 12:2-3. Su ejemplo de amor y sacrificio nos inspira a vivir de manera similar.

Al practicar estas formas de amor y renuncia, podemos acercarnos más a una vida que refleja los valores del Reino de Dios y nos permite experimentar la libertad y la abundancia que Él promete.

¿Cómo podemos mantener nuestra fe y paciencia durante tiempos de adversidad y espera?

Mantener la fe y la paciencia durante tiempos de adversidad y espera es un desafío, pero hay principios bíblicos que pueden guiarnos en este proceso. Aquí hay algunas maneras de hacerlo:

  1. Enfocarse en las promesas de Dios: Es fundamental recordar y aferrarse a las promesas que Dios ha hecho en Su Palabra. La Escritura nos anima a orar y a meditar en estas promesas, lo que nos ayuda a mantener la esperanza y la fe en medio de las dificultades.

  2. Practicar la oración constante: La oración es un medio vital para mantener nuestra conexión con Dios. A través de la oración, podemos expresar nuestras preocupaciones, buscar Su guía y recibir Su paz. Ignorar la oración puede llevar a una desconexión con Dios, lo que puede debilitar nuestra fe.

  3. Desarrollar la paciencia: La paciencia es una virtud que se cultiva a través de la experiencia. Santiago 5:7-8 nos recuerda que, así como el agricultor espera con paciencia la cosecha, nosotros también debemos esperar con firmeza la venida del Señor. Esta espera activa nos fortalece y nos prepara para lo que vendrá.

  4. Recordar el propósito del sufrimiento: Las dificultades pueden ser oportunidades para crecer en nuestra fe. Romanos 5:3-4 nos enseña que «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, experiencia; y la experiencia, esperanza». Al entender que el sufrimiento puede tener un propósito, podemos enfrentar las adversidades con una perspectiva diferente.

  5. Buscar la comunidad de creyentes: Estar rodeado de otros creyentes puede ser un gran apoyo. La comunidad nos anima, nos sostiene y nos recuerda que no estamos solos en nuestras luchas. Compartir nuestras experiencias y orar unos por otros puede fortalecer nuestra fe.

  6. Confiar en el carácter de Dios: Recordar que Dios es fiel y que Su carácter es inmutable nos ayuda a mantener la fe. Aunque las circunstancias cambien, Su amor y Su promesa de estar con nosotros nunca fallan.

En resumen, mantener la fe y la paciencia en tiempos de adversidad implica una combinación de oración, meditación en la Palabra, comunidad y confianza en las promesas de Dios. Al hacerlo, podemos enfrentar los desafíos con esperanza y fortaleza.


La vida celestial y la renuncia personal

La vida celestial y la renuncia personal son conceptos profundamente interrelacionados en la enseñanza cristiana. La renuncia personal implica dejar de lado nuestros deseos y ambiciones terrenales para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Este acto de entrega es fundamental para experimentar la vida celestial, que se caracteriza por una conexión íntima con Dios y una vida guiada por el Espíritu Santo.

En la vida celestial, encontramos una libertad que trasciende las limitaciones del mundo material. Esta libertad se manifiesta cuando renunciamos a nuestra vida egoísta y nos entregamos a la vida en Cristo. La verdadera prosperidad espiritual no se mide por lo que acumulamos, sino por lo que estamos dispuestos a soltar. Cuanto más perdemos en términos de deseos personales, más abundante se vuelve nuestra vida en Dios.

La renuncia no es un acto instantáneo, sino un proceso diario. Cada día, debemos elegir no vivir para nosotros mismos, sino para Dios. Esto requiere un compromiso constante de cargar nuestra cruz y seguir a Jesús, quien nos mostró el camino al despreciar la vergüenza y soportar el sufrimiento por amor a nosotros.

En resumen, la vida celestial se alcanza a través de la renuncia personal, donde encontramos nuestra verdadera identidad y propósito en Dios. Al hacerlo, experimentamos una vida llena de significado, paz y alegría, que solo puede venir de una relación profunda con el Creador.

La fe y la paciencia en tiempos de adversidad

La fe y la paciencia son fundamentales en tiempos de adversidad, como se menciona en las Escrituras. En Santiago 5:7-8, se nos exhorta a ser pacientes hasta la venida del Señor, comparando nuestra espera con la del agricultor que espera con paciencia la cosecha. Esta paciencia no es pasiva, sino que implica una firmeza en la fe, confiando en que Dios cumplirá sus promesas.

La adversidad puede ser un tiempo de prueba, donde la fe se pone a prueba. Es en estos momentos que debemos recordar que la fe no es simplemente una esperanza vacía. La verdadera fe se manifiesta en la confianza activa en Dios, incluso cuando las circunstancias son difíciles. No se trata de esperar a que las cosas mejoren, sino de afirmar que Dios es nuestra victoria y nuestro sustento en medio de la lucha.

Además, la paciencia en la adversidad es un signo de madurez espiritual. Como se menciona en Romanos 5:3-4, las tribulaciones producen paciencia, y la paciencia, carácter; y el carácter, esperanza. Esta esperanza no nos decepciona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.

Por lo tanto, en tiempos de adversidad, debemos mantener nuestra fe activa, agradeciendo a Dios por su provisión y fortaleza, y cultivando la paciencia que nos permitirá perseverar hasta el final. La combinación de fe y paciencia nos prepara para recibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros, incluso en medio de las pruebas.

El amor y el servicio en la vida cristiana

El amor y el servicio son fundamentales en la vida cristiana, y ambos conceptos están profundamente interrelacionados en las enseñanzas de la Biblia.

El amor es el principio central del cristianismo. En 1 Juan 4:8 se nos dice que «Dios es amor», lo que implica que el amor debe ser la base de todas nuestras acciones y relaciones. Jesús mismo resumió la ley y los profetas en dos mandamientos: amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:37-39). Este amor no es solo un sentimiento, sino una acción que se manifiesta en el servicio a los demás.

El servicio, por otro lado, es una expresión tangible de ese amor. En Gálatas 5:13, se nos exhorta a «servirnos por amor los unos a los otros». Esto implica que el verdadero servicio no debe ser motivado por la obligación, sino por el amor que tenemos hacia Dios y hacia nuestros hermanos. El apóstol Pablo, en Efesios 4:11-12, habla sobre los diferentes roles dentro de la iglesia, donde cada miembro tiene la responsabilidad de contribuir al cuerpo de Cristo, edificando y sirviendo a los demás.

Además, el servicio a los demás es un reflejo del carácter de Cristo. En Marcos 10:45, Jesús dice: «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos». Este modelo de servicio sacrificial es el que los cristianos están llamados a seguir.

En resumen, el amor y el servicio son inseparables en la vida cristiana. El amor nos impulsa a servir, y el servicio es una manifestación del amor que tenemos por Dios y por los demás. Al vivir de esta manera, los cristianos pueden reflejar la luz de Cristo en el mundo y contribuir al crecimiento y fortalecimiento de la comunidad de fe.

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