Vivir Según la Guía del Espíritu Santo

La Importancia de la Guía del Espíritu Santo

Mis hijos, todo lo que hacéis no será en vano. Lo que hacéis no surge de vuestras propias ideas, sino que esperáis por la guía del Espíritu Santo. Aunque no entendáis, esperáis firmemente que el Espíritu Santo actúe en vuestros corazones. Vuestro corazón sabe profundamente que solo siguiendo al Espíritu Santo se pueden lograr todas las cosas.

Cómo Entender la Voluntad del Espíritu Santo

Esto no significa que el Espíritu Santo siempre se demore y que necesite esperar para ser comprendido, sino que vuestros pensamientos a menudo son demasiado rápidos y os capturan de inmediato. Cuando fijáis vuestra voluntad y rechazáis las ideas propias, podéis entender cuál es la voluntad del Espíritu Santo. Los valores celestiales difieren radicalmente de los terrenales, y ninguna de las voluntades del Espíritu Santo coincide con los deseos de vuestro cuerpo. Pero si estáis dispuestos a elegir las revelaciones que vienen del cielo, habrá fuerza para ayudaros, haciendo vuestra voluntad fuerte y poderosa en la acción.

Confianza en el Todopoderoso

En quien confiáis es el Todopoderoso que controla todo, el que inicia todas las cosas y guarda vuestros pasos. Él es muy poderoso y puede lograr completamente todas las cosas. Y también os invito a cooperar con el Espíritu Santo, a tener una parte en estas cosas y a compartir conmigo toda la gloria del reino celestial. Creceréis para depender completamente de mi vida, como un niño depende de su padre. Vuestro corazón también debe ser como el de un niño, creyendo que su padre es muy poderoso y capaz de protegerlo; y, más aún, creyendo que su padre lo ama.

El Camino Celestial es para Todos

Mis hijos, el camino celestial es tal que incluso un niño puede emprenderlo, sin necesidad de conocimientos profundos. Solo necesitáis levantar la fe y avanzar, y alguien os guiará. Es el Espíritu Santo que vive dentro de vosotros, quien os revela todas las cosas. No seguís a una persona, ni a alguien en una posición elevada en la sinagoga, sino al Espíritu Santo de la verdad que reside en vosotros. A través de Jesucristo, vosotros os habéis convertido en mis preciados hijos, sin necesidad de mediadores para entender mi voluntad. Si lo deseáis, viviréis experiencias personales. Y este conocimiento, en la vida diaria, os hará conocerme mejor que antes, os hará permanecer firmes y estables en tiempos difíciles. Tenéis una visión eterna de todas las cosas terrenales. Sabéis que lo que tenéis en las manos, sea dinero, tiempo o dones, está destinado a servir a los demás. Transformad las cosas efímeras de la tierra en actos de amor, para darles un valor eterno. En el momento del juicio, solo lo que se hace por amor perdurará.

Manifestación del Amor en la Tierra

Todo poder terrenal, así como los poderes celestiales, pasará. Lo que hacéis es manifestar amor en la tierra, sin importar qué tipo de milagros o dones uséis. Mis hijos, vosotros sois miembros del cuerpo de Jesucristo, cada uno diferente, y nadie puede decir que no necesita del otro. Incluso el miembro más pequeño e impotente tiene su utilidad. Si sois santos y fuertes, entonces debéis servir a los hermanos y hermanas más débiles. Ellos son los que realmente necesitáis cuidar, porque así es como actuáis según mi voluntad.

Auténtica Vida Celestial

Queridos hijos, servir a los hermanos y hermanas débiles es servir a Jesucristo. No debéis seguir a aquellos que solo buscan destacarse en los púlpitos. Vuestro entusiasmo por ayudar no se basa tanto en vuestra inteligencia y habilidades, sino en un profundo sacrificio personal y en la inspiración divina. Mostrando auténticamente en vosotros la vida celestial.


¿Cómo podemos aprender a esperar la guía del Espíritu Santo en nuestras acciones y decisiones?

Para aprender a esperar la guía del Espíritu Santo en nuestras acciones y decisiones, es fundamental cultivar una relación íntima con Dios a través de la oración y la meditación en Su Palabra. Aquí hay algunos pasos que pueden ayudar en este proceso:

  1. Oración constante: Es esencial dedicar tiempo a la oración, pidiendo al Espíritu Santo que nos guíe y nos dé discernimiento. La oración no solo es una forma de comunicarnos con Dios, sino también un medio para abrir nuestro corazón y mente a Su dirección.

  2. Escuchar al Espíritu: Debemos estar atentos a las impresiones y sensaciones que el Espíritu Santo puede poner en nuestro corazón. A veces, la guía del Espíritu no es una voz audible, sino una sensación interna o un pensamiento que nos lleva a una decisión.

  3. Estudio de la Escritura: La Biblia es una fuente de sabiduría y guía. Al estudiar las Escrituras, podemos entender mejor la voluntad de Dios y cómo Él ha guiado a otros en el pasado. Esto nos ayuda a reconocer Su voz en nuestras propias vidas.

  4. Reflexión y meditación: Tomar tiempo para reflexionar sobre nuestras decisiones y las circunstancias que nos rodean puede ayudarnos a discernir la dirección del Espíritu. La meditación en la Palabra de Dios y en nuestras experiencias puede aclarar nuestra mente y corazón.

  5. Buscar consejo: A veces, es útil buscar la opinión de otros creyentes que puedan tener más experiencia o sabiduría. La comunidad de fe puede ser un recurso valioso para discernir la guía del Espíritu.

  6. Paciencia: Aprender a esperar la guía del Espíritu Santo requiere paciencia. A menudo, Dios no responde de inmediato, y es importante no apresurarse a tomar decisiones sin haber recibido claridad.

  7. Actuar en fe: Una vez que sentimos que hemos recibido la guía del Espíritu, debemos actuar en fe. Esto significa confiar en que Dios está dirigiendo nuestros pasos, incluso si no tenemos todas las respuestas.

Al seguir estos pasos, podemos aprender a esperar y reconocer la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas, permitiendo que Él nos dirija en nuestras acciones y decisiones.

¿De qué manera podemos diferenciar entre los deseos de nuestro cuerpo y la voluntad del Espíritu Santo?

Para diferenciar entre los deseos de nuestro cuerpo y la voluntad del Espíritu Santo, es fundamental entender la naturaleza de ambos y cómo se manifiestan en nuestra vida espiritual.

  1. Conocimiento de la Escritura: La Palabra de Dios es esencial para discernir. La Biblia nos proporciona principios y enseñanzas que nos ayudan a identificar lo que es de Dios y lo que proviene de nuestra carne. Por ejemplo, en Romanos 8:4 se nos enseña a vivir conforme al Espíritu y no según la carne.

  2. La función del Espíritu Santo: El Espíritu Santo actúa en nuestra conciencia, guiándonos y recordándonos la verdad. Romanos 9:1 menciona que nuestra conciencia, movida por el Espíritu, da testimonio de nuestras acciones. Cuando estamos en sintonía con el Espíritu, podemos sentir una convicción interna que nos guía hacia la voluntad de Dios.

  3. La naturaleza de los deseos: Los deseos del cuerpo suelen estar relacionados con placeres inmediatos y egoístas, mientras que la voluntad del Espíritu Santo busca el bien mayor y la gloria de Dios. Gálatas 5:17 nos dice que el deseo de la carne se opone al deseo del Espíritu, lo que indica que hay una lucha interna.

  4. Oración y meditación: La oración es un medio poderoso para buscar la dirección del Espíritu Santo. Al orar, podemos pedir claridad y discernimiento. La meditación en la Palabra también nos ayuda a alinear nuestros pensamientos y deseos con la voluntad de Dios.

  5. Fruto del Espíritu: En Gálatas 5:22-23, se nos habla del fruto del Espíritu, que incluye amor, gozo, paz, paciencia, entre otros. Si nuestros deseos conducen a estos frutos, es probable que sean de Dios. En cambio, si nos llevan a la confusión, la ansiedad o el egoísmo, es más probable que provengan de la carne.

  6. Consejo de otros creyentes: Buscar la sabiduría y el consejo de otros creyentes puede ser útil. A veces, otros pueden ver en nosotros lo que nosotros no podemos y pueden ayudarnos a discernir si estamos siguiendo nuestros deseos carnales o la voluntad del Espíritu.

En resumen, la clave para diferenciar entre los deseos de nuestro cuerpo y la voluntad del Espíritu Santo radica en el conocimiento de la Escritura, la sensibilidad a la guía del Espíritu, la oración, la observación de los frutos en nuestras vidas y el consejo de la comunidad de fe.

¿Cómo podemos transformar las cosas efímeras de la tierra en actos de amor para darles un valor eterno?

Para transformar las cosas efímeras de la tierra en actos de amor que tengan un valor eterno, es fundamental entender la diferencia entre lo que proviene de nosotros mismos y lo que proviene de Dios. Según las enseñanzas en las Escrituras, los actos que tienen un valor eterno son aquellos que son inspirados y guiados por el Espíritu Santo, en lugar de ser simplemente acciones realizadas por impulso humano.

  1. Motivación Espiritual: Es esencial que nuestras acciones surjan de una motivación espiritual. Esto significa que debemos buscar la dirección de Dios en todo lo que hacemos. Preguntarnos si lo que estamos haciendo es lo que Dios quiere que hagamos y si estamos actuando en obediencia a Su voluntad.

  2. Construcción con Materiales Eternos: En 1 Corintios 3:12-13, se menciona que hay dos tipos de materiales con los que se puede construir: oro, plata y piedras preciosas (que representan lo que proviene de Dios) y madera, heno y hojarasca (que representan lo que proviene del hombre). Para dar valor eterno a nuestras acciones, debemos esforzarnos por construir con «materiales» que sean duraderos y que reflejen el carácter de Cristo.

  3. Actos de Amor: Cada acto de amor que realizamos, ya sea ayudar a alguien en necesidad, ofrecer una palabra de aliento o simplemente mostrar compasión, puede ser transformado en algo eterno si lo hacemos con la intención de glorificar a Dios. Cuando damos un vaso de agua a alguien, como se menciona en Mateo 10:42, lo hacemos en el nombre de Jesús, lo que le da un valor eterno.

  4. Dependencia del Espíritu Santo: Es crucial depender del Espíritu Santo para que nuestras acciones sean verdaderamente efectivas y espirituales. Esto implica esperar en Dios, orar y permitir que Su poder actúe a través de nosotros. Cuando nuestras acciones son el resultado de la obra del Espíritu, tienen un impacto eterno.

  5. Reflejar el Amor de Cristo: Finalmente, al reflejar el amor de Cristo en nuestras interacciones diarias, estamos invirtiendo en lo eterno. Esto significa vivir de manera que nuestras vidas sean un testimonio del amor y la gracia de Dios, lo que puede influir en otros y llevarlos a conocer a Cristo.

En resumen, al buscar la guía de Dios, actuar con motivación espiritual, y depender del Espíritu Santo, podemos transformar nuestras acciones cotidianas en actos de amor que tienen un valor eterno.


La guía del Espíritu Santo

La guía del Espíritu Santo es un tema fundamental en la vida cristiana. Según las enseñanzas bíblicas, el Espíritu Santo actúa como un consejero y guía para los creyentes, ayudándolos a discernir la voluntad de Dios y a vivir de acuerdo con Su propósito.

El Espíritu Santo nos guía a través de Su palabra, que es viva y eficaz, como se menciona en Hebreos 4:12. Esta escritura nos enseña que la palabra de Dios puede dividir entre el alma y el espíritu, ayudándonos a entender las diferencias entre nuestras emociones y deseos (alma) y la dirección divina (espíritu). Es esencial que los creyentes busquen la guía del Espíritu Santo en sus decisiones y acciones, ya que esto les permite vivir una vida espiritual más plena y en comunión con Dios.

Además, es importante reconocer que la búsqueda de la guía del Espíritu Santo no debe basarse en emociones o sensaciones externas, sino en una relación íntima y personal con Dios. La verdadera experiencia del Espíritu Santo se manifiesta en la vida diaria a través de la obediencia a Su dirección y la disposición a seguir Su liderazgo.

El apóstol Pablo, en sus escritos, enfatiza la importancia de vivir según el Espíritu y no según la carne. Esto implica que los creyentes deben estar atentos a la voz del Espíritu Santo y seguir Su guía en todas las áreas de sus vidas, lo que les permitirá experimentar la plenitud de la vida cristiana.

En resumen, la guía del Espíritu Santo es esencial para el crecimiento espiritual y la vida cristiana, y se manifiesta a través de la palabra de Dios, la obediencia y una relación personal con el Señor.

La voluntad divina versus los deseos terrenales

La voluntad divina y los deseos terrenales son conceptos que se encuentran en tensión en la vida del creyente. La voluntad divina se refiere al propósito y plan de Dios para la humanidad, que es perfecto y busca el bien de sus criaturas. Por otro lado, los deseos terrenales son aquellos anhelos y aspiraciones que surgen de la naturaleza humana caída y que a menudo están en conflicto con lo que Dios desea para nosotros.

En la Escritura, se nos enseña que debemos buscar la voluntad de Dios por encima de nuestros propios deseos. Por ejemplo, en Lucas 22:42, Jesús, en el jardín de Getsemaní, expresa su deseo de que pase de Él la copa del sufrimiento, pero al final se somete a la voluntad del Padre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya». Este pasaje ilustra la lucha entre los deseos humanos y la sumisión a la voluntad divina.

Además, Romanos 12:1-2 nos exhorta a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, y a no conformarnos a este mundo, sino a ser transformados mediante la renovación de nuestra mente, para que podamos discernir cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Esto implica que, aunque los deseos terrenales pueden ser fuertes, debemos esforzarnos por alinearlos con la voluntad divina.

La libertad de la voluntad humana también juega un papel importante en esta dinámica. Dios nos ha dado libre albedrío, lo que significa que somos responsables de nuestras decisiones. Sin embargo, esta libertad debe ser ejercida en el contexto de una relación con Dios, donde buscamos Su guía y dirección. La verdadera libertad se encuentra en someter nuestros deseos a la voluntad de Dios, lo que nos lleva a una vida plena y satisfactoria.

En resumen, la voluntad divina es un llamado a vivir de acuerdo con los propósitos de Dios, mientras que los deseos terrenales pueden desviar nuestra atención de lo que realmente importa. La clave está en buscar la voluntad de Dios y permitir que Su Espíritu nos guíe en nuestras decisiones diarias.

El servicio a los demás como una manifestación de amor

El servicio a los demás es una manifestación fundamental del amor en la enseñanza bíblica. En Romanos 12, se nos exhorta a presentar nuestros cuerpos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, lo cual es nuestro culto racional. Este acto de entrega no solo implica una dedicación espiritual, sino también un compromiso práctico de servir a los demás.

El amor se expresa a través de acciones concretas, como se menciona en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, en Mateo 19:21, Jesús le dice al joven rico que venda todo lo que tiene y lo dé a los pobres, enfatizando que ayudar a los necesitados es una forma de vivir el amor. Este principio se refleja en la vida de muchos santos, como San Francisco de Asís, quien renunció a sus posesiones para vivir en pobreza y servir a los demás.

Además, en Hechos 2:44, se muestra cómo los primeros cristianos compartían sus bienes y se aseguraban de que nadie estuviera en necesidad. Este tipo de comunidad refleja el amor de Cristo, donde cada uno se preocupa por el bienestar del otro.

El servicio a los demás también se considera un acto de adoración a Dios. En Hebreos 13:16, se nos recuerda que hacer el bien y compartir con otros son sacrificios que agradan a Dios. Así, el servicio no es solo una obligación, sino una respuesta natural al amor que hemos recibido.

En resumen, el servicio a los demás es una manifestación del amor que se traduce en acciones concretas, reflejando el corazón de Dios y su deseo de que vivamos en comunidad, apoyándonos mutuamente y mostrando compasión hacia los necesitados.

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